Primera A
El descenso tan temido se concretó
Talleres finalizó de la peor forma una campaña llena de números negativos en el Clausura; bajó de categoría en el desempate jugado en Bell Ville al perder 2-1 con un gol que Progreso señaló a los 40’ del complemento.
 
Hernán Garelli / hgarelli@eldeportivobv.com.ar
Iba a ser la tarde en donde uno caería al abismo y el otro se salvaría. En Bell Ville se jugaba por no descender, carga tan o más demandante que disputar una final por un título por la consecuencia negativa inevitable. Y en ese aspecto, el drama para Talleres y Progreso tendría noventa minutos para resolverse, si no se sacaban diferencias la angustia -que ya estaba en danza con el desarrollo de una última fecha que fue para el infarto- se potenciaría desde los doce pasos.

Era una obviedad decir que ambos estaban en esa situación por una flojísima realidad. Lo mejor en números lo hicieron en la primera mitad de la temporada llegando incluso hasta cuartos de final del Apertura. Este detalle primordial reflejado en la tabla anual, en el caso de la “T” apareció sobre todo en el Clausura, donde apenas sumó seis puntos con una única victoria justamente ante este Progreso que acumuló nueve unidades.

Se suponía que la tensión prevalecería en el césped por sobre algún argumento futbolístico que les hubiera quedado en el fondo del armario, máximizándose esto en Talleres cuando además veía disminuidas y alteradas sus fuerzas por las expulsiones de dos jugadores en la derrota ante San Carlos y por el valor de lo que se jugaba, por ello es que Merlini dispuso por ejemplo de la vuelta de Leonardo Gómez al arco y que Lubrina regresara entre algodones e infiltrado.

Finalmente, y después de aquel gol de Leones que lo resucitó el miércoles, el resultado le dio la espalda al equipo bellvillense y lo terminó castigando no tanto por lo que hizo en cancha este domingo sino por la totalidad de una campaña que fue sumando flancos débiles que nunca se pudieron solucionar pese a la voluntad de todos los actores que convivieron en el Bosque en este 2015.

Carencias, algunas jugadas y un golazo. En un arranque donde el partido no conseguía armarse -a los dos les costaba la elaboración- hubo espasmos que llevaron riesgos sobre las vallas. La primera correspondió a Progreso a los 8’, siguiendo otra con una corrida contra la ley del offside mal terminada. Estas dos acciones se deben englobar junto a otras jugadas de esa etapa inicial donde el pelotazo frontal le dio posibilidades de ataque a los de Noetinger, tomando a una defensa rival muy en línea.

A los 20’ se arrimó Talleres cuando Ocón quedó en carrera diagonal hacia un Vigil que se hizo de un derechazo bajo. En la zona para tomar decisiones, Guerrero no tenía socios cercanos para concretar una saludable intención que tuvo la “T” en determinado momento: bascular el balón desde la salida asegurando su destino. A los 38’ debió ingresar Campos por un Lubrina muy limitado en lo físico.

Venía Progreso de tener una con un centro por izquierda que nadie alcanzó a tocar cuando al siguiente ataque una jugada similar se cerró con una gran taconazo de Rodrigo López a una pelota que le pasaba por detrás, enviándola al segundo palo para la apertura del marcador. El 1-0 le dio confianza en esos minutos finales y acabó predominando en las divididas, además de desperdiciar Cañas una clara para aumentar. 

Rápida ilusión que se marchitó. Talleres armó su primera jugada completa de la tarde en ofensiva y con una secuencia que fue de derecha a izquierda encontró el empate a los 4’ con un zurdazo cruzado de Guerrero entrando al área.

Se abrió el encuentro en el pasaje inmediatamente posterior al 1-1. Talleres empezó a tener espacios adelante que nunca había tenido y parecía fortalecerse tanto con la pelota como en lo anímico dentro de un tono parejo.

Pero la chance que precisaba para desequilibrar y aprovechar esa circunstancia favorable no le llegó. El tiempo fue pasando, las piernas se fueron cansando y ya sin patrón de juego, ninguno de los dos pudo apelar siquiera a la entrega física para llevar por delante a su rival.

En ese aspecto, e inmersos en un momento que hacía presentir que un gol sería determinante y sin vuelta atrás, fue Herrera el que recién a los 35’ rompió el molde con una proyección donde cruzó la cancha y quedó frente a Vigil por izquierda, picándola por sobre un arquero que fue protegido por la cobertura de su defensa. La suya Progreso la tuvo a los 40’ y no perdonó. Logró meter por alto una pelota en área rival y prevalecer en la lucha hasta que apareció Garro para sacar un latigazo en la medialuna que se hizo imposible de detener e infló la red para el 2-1.

Casi sin reloj para rebelarse, Talleres ofreció un zurdazo de Campos desde muy lejos que obligó a Vigil a volar abajo, siendo la del estribo producto de las dudas del propio arquero a un balón que lo incomodó por alto. 

El pitazo final dio paso a una serena alegría de Progreso en pos de respetar el abatimiento y la desazón en que se hundió el cuerpo de cada uno de los futbolistas de un Talleres que tiene la explicación de lo sucedido en los fríos e inapelables números que le dejan todas las variables en que se mide el rendimiento de una temporada.

Fotos e Infografía: Germán Monetto