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Los chicos, una preocupación de todos
Se están dando positivos pasos en la Liga Bellvillense en busca de profundizar acciones para que los grandes no desvirtúen la inocencia de los más pequeños. El Departamento de Fútbol Infantil presentó un interesante proyecto.
 
Hernán Garelli / hgarelli@eldeportivobv.com.ar
UN PASO AMBICIOSO

En la búsqueda de afianzar lo que ya tiene en marcha acerca de una problemática preocupante, y de enriquecer y profundizar su abordaje, el Departamento de Fútbol Infantil concretó el sábado de la semana anterior en sede de la Liga Bellvillense, el lanzamiento de un proyecto de prevención sobre la violencia en las canchas que pretende trascender más allá de nuestra región ante la realidad imperante de agresiones físicas y verbales.

Cada vez más y en cualquier latitud de nuestro país, estas conductas inapropiadas de parte de los mayores son un notorio contraste con la pureza de los niños en derredor de la sana pasión que vuelcan en un partido de fútbol, apuntándose por ello en la reunión llevada a cabo en calle Rivadavia a un temario de varios ítems que dan forma a un trabajo en común que recibió el importante aval de la Federación Cordobesa.

A fondo. Delegados de clubes, árbitros y entrenadores, autoridades de la propia LBF y de su Tribunal de Penas (Manuel Rosa, Luis Quinteros, Eduardo Dolman, Nelso Sampietro), el Director de Deportes de la Municipalidad, Daniel Pagliarone, el médico Emilio Mustafá y la psicopedagoga Silvia Romani, confluyeron en una exposición del proyecto y debate de ideas que sentó bases optimistas para la tarea a futuro, que abarcará tanto el plano provincial como nacional, gestionando en estamentos de gobierno, fuerzas de seguridad y Consejo Federal de AFA con el respaldo de herramientas que ya existen como son las diferentes normativas vigentes plenamente actualizadas, tal es el caso del “Reglamento de Prevención contra la Violencia en Espectáculos Futbolísticos”, modificado por decreto nacional en abril de este año.

Junto a difundir estos elementos legales a disposición, donde se explicita la aplicación del poder de policía y el derecho de admisión (la prohibición de ingreso a los estadios en el marco del Código de Convivencia Ciudadana), se subrayó la necesidad de ponerse manos a la obra en la gestión de un programa de concientización para la prevención temprana, en la impostergable capacitación de todos los actores en clínicas dictadas por profesionales según cada área con un cronograma bien publicitado, en la creación de un código de conducta para espectadores con jurisdicción del Tribunal de Penas y la modificación del estatuto si fuera necesario.

PREOCUPARSE Y ACCIONAR

Previo a dar esta demostración concreta de encarar la realidad y aprovechando el receso invernal de la actividad, el Departamento de Fútbol Infantil sacó a la luz un comunicado a modo de balance sobre lo actuado hasta el momento, tanto en cambios implementados a partir de 2016 para los pequeños de 8 a 11 años buscando un nuevo formato de competencia, como así también a medidas tomadas por hechos desagradables que sonaron como alerta y que tuvieron de protagonistas a los adultos.

Luis Quinteros, responsable de la citada área, nos explicó que el texto persigue mantener el estímulo en todos los actores involucrados: “Hemos pasados momentos difíciles. Trabajando cada uno desde su lugar y gracias a todos se nos fue facilitando el camino disminuyendo la problemática, apostando por el futuro no solo de un jugador de fútbol sino de una persona para la sociedad. El informe es para no ser conformista”, señaló el dirigente, agregando que “entre todos podemos lograr cosas muy importantes, con humildad y apoyados en otras aristas para encarar un tema tan delicado”.

Las reflexiones. “Notábamos que nuestro fútbol se estaba desvirtuando, que se estaba manchando con los mismos tintes que habían causado que el fútbol argentino pierda la calidad de ser familiar. Estábamos sufriendo el virus de la violencia, intolerancia y desigualdad como en todos los rincones del país, desde nuestro fútbol más puro. Allí donde se arman los cimientos, donde lo genuino nos caracterizaba y nos daba esa hermosa calidad de ser semillero mundial en nuestras inferiores.

Sufrimos los malos ejemplos de los propios papás. Necesitados de triunfos personales y sin permiso de sus propios hijos, se disponían a ser protagonistas ellos, gritando, insultando, dando indicaciones y contradiciendo las de los entrenadores. Eso generaba mucha histeria dentro de la cancha y, hasta en muchos casos, replicando en tumultos y suspensiones. Y en algunos otros casos, hubo problemas generados de parte de los mismos entrenadores.

Pero esto ya no sorprende, pasa aquí y en todos lados. En realidad, lo que sorprende es que no se gasten recursos para que esto no sea habitual y no se adhiera a la propia carne de nuestro fútbol y así luego a futuro sea una enfermedad que ya no se pueda sanar. Sabíamos que el fútbol en Argentina era tan popular que venía muchas veces desde los propios barrios más descuidados, donde la educación no siempre era la protagonista. Pero sabíamos que eso no era excusa para no actuar, que no se necesita dinero para educar a un niño; sólo herramientas, acciones, estrategias y personas responsables y adecuadas.

Quisimos y aún queremos cambiar todo esto. Nos reunimos y presentamos experiencias de acción en contra de todo esto. Algunos clubes hicieron charlas con papás, otros agregaban una hora semanal para que alguien capacitado les dé charlas de motivación, valores, ejemplos, etc. También los dirigentes entendieron que no cualquiera estaba en condiciones de entrenar, que el solo hecho de haber jugado al fútbol no daba la potestad de formar a un jugador, que la persona al frente de un grupo debe estar formada.

Además, se realizaron en la sede de la LBF reuniones de profesores y dirigentes, con representantes de los árbitros y miembros del Tribunal de Penas para revisar modos y emplear acciones como por ejemplo, la de detener el partido cuando alguna persona insultara y no reanudándolo hasta que ésta se haya retirado del lugar. Se determinó ser más severos en las sanciones en relación a determinadas conductas reprochables.

En todas las canchas al ingresar, o frente a una tribuna, nos encontramos ahora con carteles y banderas que intentan influir hacia la buena conducta del espectador y la libertad de otorgarles a los niños que se diviertan antes de pensar en la competencia. En muchos casos, incluso en partidos clásicos, se trata de sacar presión con fotos donde se ven a los dos equipos con sus niños abrazados no como rivales, sino como compañeros del mismo deporte.

Aun no lo solucionamos. Nuestro fútbol infantil esta en reparación constante. Ya lo entendimos así todos quienes formamos la Liga Bellvillense. Día a día buscamos la manera que no pierda la inocencia. Como un árbol, necesita que se cuiden sus raíces, solo así tendremos buenos frutos”. 

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