Columna / Elio "Pipo" Rossi
El fracaso de Bianchi y Riquelme 04/06/2013
Elio Pipo Rossi nació en el ' 63, con Kennedy a la cabeza. Cordobés de nacimiento y porteño por adopción mutua, trabaja como periodista desde antes de terminar la secundaria por lo que, transcurridos casi 30 años, muchos ruegan que se jubile pronto. Trabajó en Radio Unión de Bell Ville, Radio Universidad de Córdoba, Canal 10 de Córdoba y desde el 91 en Canal 13, Canal 9, America TV, ATC, Telefé, TyC Sports y Fox Sports hasta el 2002 cuando, harto ya de estar harto, vendió un BM para gastárselo en Europa y por las rutas del sur argentino haciendo “fiaca”. Reinsertarse le costó mucho más de lo que está dispuesto a aceptar, igual que esforzarse para ganar un lugar a los 40 años en algún medio europeo. Lo perdió su costado tanguero y volvió con el caballo cansado para divertirse en C5N, Fox Sports, Radio Del Plata y Radio 10, y, fiel al “ser periodista”, seguir molestando hasta que el cuero le dé.
 
Esa es la mejor palabra para definir lo que ambos produjeron en el primer semestre. El Rojo, a 90 minutos de irse a la B

La palabra que describe con pristina claridad  el producido futbolístico en el semestre que está a punto de concluir por la más exitosa dupla de la cual se tenga memoria en Boca Juniors (Riquelme-Bianchi, el orden de los factores no altera el producto), es una sola: fracaso.

El fracaso de Riquelme y Bianchi o de Bianchi y Riquelme es palpable, concreto e irrefutable. Hasta ha tenido el Virrey que referirse a la Copa Argentina como una competencia "que merece el total respeto de Boca".

Es que podría, el denostado invento de Julio Grondona, "salvarlo" al infalible “ma non tropo Charles Lucky”.

Quedó claro como nunca en el partido con Vélez, que la necesidad tiene cara de hereje, incluso para Bianchi, obligado por primera vez en 12 años, a repetir un equipo a los efectos de no quedar último en el torneo.

El "coro de viudas" aparece inalterable en cada conferencia de prensa. Dan, los pobres integrantes del coro, penita y vergüenza ajena.

Eso sí: Román pegó el faltazo alegando un dolor de garganta. Digamoslo así: con Julio César jugaba cuando quería y/o cuando podía.

Ahora es al revés: cuando puede en primer lugar y cuando quiere en segundo ("una Copa Libertadores vale más que 10 campeonatos"). Pero las "malditas tabas", los tobillos, las rodillas, la cuestión muscular, le recuerdan cada vez más imperiosamente, sus debilidades.

Aparece, claro, para hacer su "gol anual". O semestral, veremos en diciembre.

El que le marcó a Corinthians obviamente, equipo al que superó con la indispensable ayuda de “San Charly Yellow”, cuya adorabilidad en la Ribera porteña, la luz de un fósforo fue.

Bianchi cayó en Rosario apostando todo y más a su adn futbolero: la contracción, la marca, el contragolpe y, al final, el celular de dios, su eterna suerte.

Pero nada es para siempre.

Ni los Imperios, ni la infalibilidad de “Charles Lucky, alias, no soy intocable".

Por otro lado, a pesar de las insoportables suspicacias a las que todos y cada uno de los protagonistas echa mano según le convenga (la lista de partidos en los cuales los entrenadores, los futbolistas y los simpatizantes de un equipo sugieren-piden-sonríen pícaramente ante la idea de perjudicar al rival, es inagotable. Los "quejosos" de hoy (Ramón Díaz, por ejemplo), son los "pícaros" de ayer), tuvo un capítulo más con el 0-1 de Racing ante Quilmes.

"Hoy por tí, mañana por mí", pareciera ser el dogma mayor.

Y, créanme, ningún equipo está a salvo en la Argentina. Ninguno.

Por eso, a ésta altura de la "soiree", debieran tener bien clarito que lo que no sean capaces de hacer por sí mismos, nadie lo hará.

O lo harán bajo los efectos de la "fiaca total".En devolución de alguna "vieja gentileza".

De darse un par de resultados podría producirse el próximo domingo (fecha 17) algo inédito desde el comienzo de los torneos cortos: que faltando seis puntos por jugar se resuelva la cuestión "a dos puntas". En la definición del campeonato y, la gran novedad, el tema de los descensos.

Esto sí sería una novedad y nos ahorraríamos toda la serie de perorata a propósito de "A Independiente los rivales le juegan con lexotanil" ó "¿No les llamó la atención el 4-0 a Boca?"

Los autores son conocidos vendehumos del fútbol vernáculo.

Para Unión la cosa estuvo juzgada desde el final del certámen anterior. Nada lo pudo cambiar, solo el alivio de un triunfo frente a Colón, sin gente.

El Rojo, que está a 90 minutos de irse a la B (¿cómo puede ser que hayan votado a Julio Comparada 2 veces los socios de Independiente?) estaba 15 puntos atrás de Argentinos Juniors y cuando se enfrentaron hace unas semanas, La Paternal le llevaba 13 unidades. Está a cinco y restan 9. ¿Hacen sus apuestas?

Y San Martín de San Juan, que decidió a caballo de la inteligencia de su nuevo entrenador, Rubén Forestello "no hacer cuentas sino apostar a jugar bien", ha sacado los mejores puntos (por la calidad del juego que amazaron los triunfos) y hasta coquetea con hacer un petit desbarajuste a partir del instante exacto en que una serie de "casualidades permanentes" dejaron de pitarle penales en contra.

Newell’s, el mejor de todos, ha conseguido lo que para otros es imposible: no depender de nada ni nadie excepto de sus propias convicciones. Dios dirá.