Columna / Elio "Pipo" Rossi
Los que mandan son los jugadores
Elio Pipo Rossi nació en el ' 63, con Kennedy a la cabeza. Cordobés de nacimiento y porteño por adopción mutua, trabaja como periodista desde antes de terminar la secundaria por lo que, transcurridos casi 30 años, muchos ruegan que se jubile pronto. Trabajó en Radio Unión de Bell Ville, Radio Universidad de Córdoba, Canal 10 de Córdoba y desde el 91 en Canal 13, Canal 9, America TV, ATC, Telefé, TyC Sports y Fox Sports hasta el 2002 cuando, harto ya de estar harto, vendió un BM para gastárselo en Europa y por las rutas del sur argentino haciendo “fiaca”. Reinsertarse le costó mucho más de lo que está dispuesto a aceptar, igual que esforzarse para ganar un lugar a los 40 años en algún medio europeo. Lo perdió su costado tanguero y volvió con el caballo cansado para divertirse en C5N, Fox Sports, Radio Del Plata y Radio 10, y, fiel al “ser periodista”, seguir molestando hasta que el cuero le dé.
 
Los clubes no tienen soberanía sobre los futbolistas. No pueden determinar que Vargas no vaya a Racing o que Domínguez no pase a Boca.

Los clubes no tienen soberanía sobre los futbolistas, no pueden decidir, por ejemplo, que Vargas no vaya a Racing o que Sebastián Domínguez no juegue en Boca. Sólo tienen un acuerdo de partes (un contrato) que concluye, que finaliza (en el caso de Vargas con el descendido club de Avellaneda) o con un año más de vigencia por un valor de 700.000 dólares (si hablamos de Dominguez y su acuerdo con Vélez). 

El acuerdo-contrato de Vargas ya concluyó, por lo tanto, es el propio futbolista quién negocia su futuro (él o quién designe su representante). Por el lado de Domínguez, es el marcador central quién "paga" o "devuelve" el dinero acordado con Vélez por el año que falta de cumplir (junio 2013-junio 2014) y entonces queda con el "pase" en su poder para negociar con Boca. No la "venta" (esto de vender quedó en caso como los de Vargas y Dominguez, perimido), sino su nuevo contrato con la entidad para la cual va a jugar.

El primer caso (Vargas) es una consecuencia de la "Ley Bosman" (1996). Cuando un jugador mayor de edad termina su contrato, pues, es dueño de su pase.

El segundo (Dominguez) es una consecuencia de la "Ley Webster" (2004). Un jugador puede dejar un club si él o quienes lo contratan a futuro, le entregan al club con el que tiene contrato vigente, el dinero que falta cobrar. Pasó con Roncaglia antes de la final de la Copa Libertadores. Se fue a jugar a Europa porque el club italiano le "devolvió" a Boca el dinero que el club de la Ribera debía pagarle hasta el final del acuerdo.

Ambas leyes, concebidas por la centralidad europea en nombre de la libertad y los derechos del futbolistas, acabaron para siempre con la soberanía de los clubes que son de la periferia (América Latina, excepto Brasil y México por sus potencialidades económicas), África y los demás continentes.

Boca estaría haciendo con Dominguez y Vélez, exactamente lo mismo que los italianos hicieron con Boca y Roncaglia en su momento.

Nada más ni nada menos.

En medio, los "grises", lo que han conseguido Bianchi y Riquelme (la inefable "dupla de los 10 palos verdes") con Erviti y Silva, alias "nos queremos ir a cualquier costa" pero no aparecen el 1.500.000 que Boca deberá pagarle a Silva aunque no juegue (contrato vigente, igual que Dominguez, sólo que sin pretendientes) o el 1.000.000 por Erviti (le deberían pagar una cifra mayor, pero aquí es el jugador quién no soporta más ni a Bianchi ni -especialmente- a Riquelme y entonces, cede en parte). Sino aparece el dinero, seguirá cobrando. Habrá que ver si sigue jugando.

El caso de Giglioti viene con "problemas de papeles". Evadieron los negociadores de sus pases anteriores a través de uno de esos clubes truchos uruguayos que prestan los sellos. Los hay en Chile y también en Europa. Aquí, en la Argentina, la AFIP los tiene "agarrados de las partes".

Si pagan todo lo que deben, quizá no sean procesados y entonces, Giglioti se prueba la camiseta de Boca.

Sino, será complejo.

Dios dirá.

En el caso de River, hay un limbo entre los deseos de la dirigencia de vender a toda costa para hacerse de dinero fresco, el deseo de algunos jugadores de irse a Europa, y del entrenador Ramón Díaz que le traigan jugadores de segunda línea de Europa (como Demichelis).

Pero no hay un mango.

Entonces, todo se convierte en declaraciones a la prensa a los efectos de no quedar mal parados si la mano viene mal.

Encima, los egos.

Ramón se saca de encima al "último ícono" de la resurrección de River, el “franchute” Trezeguet. El problema queda en River porque el jugador sigue teniendo contrato vigente, que debe pagarse.

Salvo que consiga otro club.

Esto, el fóbal, es un tema de pasiones (para los hinchas) pero fundamentalmente de responsabilidad, de dinero y de negocios (para los clubes y para los propios jugadores). De modo que los "nuevos" equipos deberán ser paridos entre los deseos, la posibilidad económica, y la buena conducción de los entrenadores.

En medio de tanta cháchara, la única "realidad" parece ser el Newell’s del Tata.