Columna / Elio "Pipo" Rossi
Ortega, talento en estado quĂ­micamente puro 18/07/2013
Elio Pipo Rossi nació en el ' 63, con Kennedy a la cabeza. Cordobés de nacimiento y porteño por adopción mutua, trabaja como periodista desde antes de terminar la secundaria por lo que, transcurridos casi 30 años, muchos ruegan que se jubile pronto. Trabajó en Radio Unión de Bell Ville, Radio Universidad de Córdoba, Canal 10 de Córdoba y desde el 91 en Canal 13, Canal 9, America TV, ATC, Telefé, TyC Sports y Fox Sports hasta el 2002 cuando, harto ya de estar harto, vendió un BM para gastárselo en Europa y por las rutas del sur argentino haciendo “fiaca”. Reinsertarse le costó mucho más de lo que está dispuesto a aceptar, igual que esforzarse para ganar un lugar a los 40 años en algún medio europeo. Lo perdió su costado tanguero y volvió con el caballo cansado para divertirse en C5N, Fox Sports, Radio Del Plata y Radio 10, y, fiel al “ser periodista”, seguir molestando hasta que el cuero le dé.
 
Que fascina, pero no alcanza. O sí para la idolatría eterna de los Millonarios. Hace 20 años, post-partido, le anunciaba que ¡iba a ir al Mundial!

Hace poco más de 20 años mantuve en el campo de juego un diálogo con el “Burrito” Ortega:

-¿Sabés qué vas al Mundial?

-No

-¿Cómo no? ¿No te avisó Basile? La lista fue entregada esta tarde en AFA

-No, no idea. ¿Voy al Mundial? ¡Qué buena noticia me das!      

Palabras más, palabras menos, así fue la charla post-partido con aquel Ortega de hace más de 20 años, jovencísimo, flaquito, bien esmirriado y con pelo corto (por exigencia de Passarella, el "kaiser"). 

Quiero decir que siempre tuvo uno la impresión de estar frente a un niño que por todos los medios posibles le escapó a la "cuestión profesional". 

Talento en estado químicamente puro. 

Que fascina, pero no alcanza. 

O alcanza para la idolatría eterna de los Millonarios. 

Quizá alcanza y sobra para Ortega. Y quizá esto sea lo único verdaderamente importante.

La aparición, estallido, punto culminante, "caída" y retiro final del fútbol de Ariel Arnaldo, son contemporáneos exactos de lo que podrían llamarse "los veinte años de campeonismo moral del seleccionado argentino". 

Antes, un campeón de verdad, con el ícono maradoniano. 

¿Después, acaso, otro de verdad con el ícono de Messi como estandarte? 

Hay que esperar un poco. 

Cada vez menos. 

Campeonísmo moral encarnado por el propio Basile, Passarella, Bielsa, Pekerman, Maradona y el "Checho" Batista. 

En medio de tanta euforia y nostalgia mezclada, vale recordar que Ortega constituyó uno de los mejores recuerdos y negocios (para el club y para sí mismo) en los últimos veinte años de River. Su "caída" tras el enfrentamiento con la actual estrella de la dirección técnica española, el Cholo Simeone, fue el comienzo del final en la B para su equipo de toda la vida. 

Vendido a España en su momento (con 1 dólar = 1 peso), su "escape" de Turquía (que daría para una película) y el intento de clubes argentinos de pagar casi lo mismo que el mercado europeo en los lejanos 90 (a la distancia, un absurdo), Ortega fue un producto típico de los tiempos actuales. 

Si ha tenido un mínimo rigor, no debiera preocuparlo el futuro. 

"Ortega facturó limpio durante el período que River tuvo que ver con sus pases, no menos de 6 millones de dólares, entre salarios, premios, porcentajes de pases y demás", me dijo hace un tiempo largo un ex presidente ahora retirado.

Es probable que a partir de manejar sus propios intereses, la cifra haya llegado a la decena medido en millones de dólares. 

En la Argentina, deben saberlo, existe una idolatría por la moneda norteamericana. Nos gusta hablar en dólares, cotizar en dólares y cobrar, de ser posible, (al menos para la élite de los deportistas), en dólares. 

Sólo en este último tiempo las políticas económicas han tratado de poner en caja (y en pesos) los desequilibrios espantosos del fútbol, que sigue jugando a la triangulación con paraísos fiscales cada vez que le es posible. 

Volviendo a Ortega, a los afectos, a los recuerdos y a las cifras puras y duras, seguramente se lo extrañará. 

O al menos se lo extrañará en la cancha de River, lo que no es poco. 

Este cronista apuesta a un "fin de siècle" que incluya imágenes inolvidables que se vinculan al recuerdo (como las del sábado en el Monumental) e imágenes inolvidables que signifiquen un punto de inflexión (Messi y los suyos dando la vuelta en el Maracaná). 

¿Sera?