Columna / Elio "Pipo" Rossi
Arde Avellenada con el Rojo y la “Acadé” 27/08/2013
Elio Pipo Rossi nació en el ' 63, con Kennedy a la cabeza. Cordobés de nacimiento y porteño por adopción mutua, trabaja como periodista desde antes de terminar la secundaria por lo que, transcurridos casi 30 años, muchos ruegan que se jubile pronto. Trabajó en Radio Unión de Bell Ville, Radio Universidad de Córdoba, Canal 10 de Córdoba y desde el 91 en Canal 13, Canal 9, America TV, ATC, Telefé, TyC Sports y Fox Sports hasta el 2002 cuando, harto ya de estar harto, vendió un BM para gastárselo en Europa y por las rutas del sur argentino haciendo “fiaca”. Reinsertarse le costó mucho más de lo que está dispuesto a aceptar, igual que esforzarse para ganar un lugar a los 40 años en algún medio europeo. Lo perdió su costado tanguero y volvió con el caballo cansado para divertirse en C5N, Fox Sports, Radio Del Plata y Radio 10, y, fiel al “ser periodista”, seguir molestando hasta que el cuero le dé.
 
El cambio en sí mismo no representa una garantía pero los dirigentes de Racing e Independiente no lo entienden así.

Alguna vez, ayer nomás, se describió a Racing aquí mismo como una "metáfora de la Argentina". Era en los tiempos de la Síndico Ripoll, alias "Racing dejó de existir". Luego vinó una larga serie de "gerenciadores", militantes del "privatismo" o gente más ubicada del lado de los "estatalistas" (respecto de los inversores, los que ponen dinero en pases y funcionamiento económico del club). 

Probó de todo en materia de "conductores" que llegan incluso con el voto de los socios. Algo similar sucedió en Independiente, aunque sin "gerenciadores privados", pero con igual ineficacia en la administración (ineficacia como mínimo, hay que decirlo). 

La constante de estos geniales "tanques de pensamiento" o sus "tormentas de ideas" ante malos resultados es solo una, vieja, repetida e inútil: expulsar a los técnicos. Se aseguran con ello unas horas o semanas de tranquilidad. O algo parecido.

Acaban de arrojar por la borda a Luis Zubeldía y a Miguel Brindisi. Le adosaron en este caso una conferencia de prensa para guardar las formas y el decoro. Dejaron la sensación de una memorable puesta en escena en la que ninguna dijo la verdad: ese es el mensaje ¿tranquilizador?

Sensini, Bielsa, Borghi, Monzón o cualquiera que llegue a Avellaneda (¿Se acuerdan de Lothar Matthäus como eventual técnico de la Academia?), tendrá tres partidos antes de ser puesto de patitas en la calle si los pierde.

Después apelan a los buenos viejos tiempos para lamentarse del "terrible presente que significa la pérdida de categoría". Aparecen los textos barrocos y románticos de los escritores-hinchas o de los dramaturgos-hinchas que -lógico- todos los equipos tienen y se ven condenados a vivir en el limbo de la nostalgia. Esos textos son un refugio para evadirse de la realidad.

En medio, se endeudaron con Dios y María Santísima en nombre del resultadismo.

La exacta antítesis de la planificación.

Ya se ha dicho hasta el hartazgo: técnico que llega, técnico que produce un "sacudón", una reacción.

Es es lógico. Esto es lo normal.

La única excepción que vemos en los días que corren parece ser el curioso caso de “Charles Lucky” Bianchi. Aunque se va a recuperar, cabe esperar.

Cualquiera que llegue, provoca reacción.

Lo hizo el Tata Martino y también Pizzi. El asunto -la verdad- es el, llamémolse, mínimo largo plazo (una temporada). El "largo plazo" en nuestro fútbol es “una temporada”. En esa temporada se puede armar un equipo, e incluso ser campeón (Newell’s o Vélez, con Martino y Gareca), o pelear la permanencia.

Pero el cambio en sí mismo no representa una garantía.

Independiente y Racing (sus dirigentes) no lo entienden así.

Y lo llevan a la práctica "cortando cabezas" de entrenadores a cada rato. No hacen cuentas. Son, que quede claro de una vez, un grupo de irresponsables. Total después, "paga Dios". O el club. Sumando los pasivos de los "grandes" de Avellaneda se superan los 500.000.000 de pesos.

Haga usted la prueba de vivir debiendo a medio mundo y lo más probable es que tenga que exiliarse en Groenlandia.

Los tipos con toda naturalidad hacen conferencias de prensa y sonríen para las cámaras.

Después se van a la B y "arde" Avellaneda.

A nadie parece importarle el juego, por más que se insista hasta el cansancio con lo contrario.

Es mentira el "cómo".

Si esto fuera cierto, Zubeldía no tendría porqué dejar su puesto.

O Brindisi debiera tener más tiempo para "acomodar" las cabezas de la nueva exigencia que significa para cualquiera de esos muchachos conducidos en el campo por Montenegro, jugar en la B.

Sin embargo han rodado escaleras abajo.

El griterío infernal y la desesperación ganan por goleada.

Y entonces la Nave (en Avellaneda) va. No se sabe bien a dónde (o sí, rumbo a los acantilados) pero va.

Parece que a ellos les resulta.