Columna / Elio "Pipo" Rossi
Riquelme debe aceptar que es un complemento 03/09/2013
Elio Pipo Rossi nació en el ' 63, con Kennedy a la cabeza. Cordobés de nacimiento y porteño por adopción mutua, trabaja como periodista desde antes de terminar la secundaria por lo que, transcurridos casi 30 años, muchos ruegan que se jubile pronto. Trabajó en Radio Unión de Bell Ville, Radio Universidad de Córdoba, Canal 10 de Córdoba y desde el 91 en Canal 13, Canal 9, America TV, ATC, Telefé, TyC Sports y Fox Sports hasta el 2002 cuando, harto ya de estar harto, vendió un BM para gastárselo en Europa y por las rutas del sur argentino haciendo “fiaca”. Reinsertarse le costó mucho más de lo que está dispuesto a aceptar, igual que esforzarse para ganar un lugar a los 40 años en algún medio europeo. Lo perdió su costado tanguero y volvió con el caballo cansado para divertirse en C5N, Fox Sports, Radio Del Plata y Radio 10, y, fiel al “ser periodista”, seguir molestando hasta que el cuero le dé.
 
Boca tuvo su mejor funcionamiento contra Vélez, con Román tomando mates en la tribuna

Tardó 9 meses. Un parto. El feliz alumbramiento tuvo un testigo privilegiado: Juan Román Riquelme desde los maravillosos palcos de La Bombonera. Con una mordacidad que rescata el humor “Caiga Quién Caiga”, un personaje de un diario deportivo de la Argentina intituló: "Su lugar en el mundo", al tiempo que el 10 saboreaba mates cebados por él mismo. Apareció, al fin, el "Boca de Bianchi", paradojalmente sin Román pero como una noticia magnífica para el campeonato argentino. Que dure hasta el final es el deseo de este escriba. 

Paralelamente, Ramón decidió hacer foco en los arbitrajes tratando de disimular el raquítico funcionamiento que ha mostrado su equipo desde que, en un acto que mezcla egolatría con irresponsabilidad, desmanteló a River en los puestos que más está necesitando (en ataque, en goles, en  eficacia), para hacer complacer todos sus deseos, algunos de ellos contradictorios (Mora váyase, Mora venga por favor;  que venga Menseguez que hace 700 días que no juega; vaya Trezeguet a reforzar al campeón). El resultado es el magro producido futbolístico que intenta disimular poniendo cara de circunstancia y denunciando una suerte de pacto diabóligo contra River por parte de los árbitros argentinos.

Antes, ninguneó a los propios chiquilines cuando dijo: "Yo me canso de hacer goles". ¿Habrá pensando que les iba  tocar en su fibra íntima? Es probable. En cualquier caso, no funcionó.

Luego sacó de la cancha frente a San Lorenzo a aquellos que trajo para mejorar la buena campaña de su retorno, el certamen anterior.

Teo y Mora no han mejorado "en un 100%" al equipo.

Más bien han pasado -hasta ahora- inadvertidos o disimulados (el gol de Teo en su debut) por la falta de resultados.

Rescaldani, en otro contexto (el de Vélez, equipo trabajado y con rodaje) le recordó lo poco que puede servir un golazo si el equipo termina superado y perdiendo el partido. No hay espacio para la "salvación personal".

Deberá entenderlo Ramón y trasladarlo a su equipo, que va, de mayor a menor con una constante: lejos del brillo.

Bianchi puso en el centro de la escena la cuestión Román cuando, un ratito después de jugar el primer buen partido de fútbol (y ganarlo además) desde que volvió, gritó: "¿Ya lo quieren sacar a Román?"

Hubo varios factores que cambiaron la ecuación y en ninguna aparece el líder-ícono-matero. El corrimiento de Ribair como primer marcador central, la vuelta de Erbes a la titularidad, Joel Acosta por derecha y, especialmente, el debut de Gago.

Todos piensan, y con razón, que la suma de Riquelme al funcionamiento general, debería mejorar el producido final de este Boca que acaba de alumbrar su intento de jugar bien al fútbol.

Pero Román deberá asimilar (es la gran duda), que ha pasado a ser -en la realidad de los hechos- un complemento. De lujo, magnífico, exquisito en su pegada, pero un complemento al fin. ¿Quieren más? La frutilla del postre. Una frutilla, además, veterana y con achaques.

Pero el eje se corrió.

Hacia Gago, si queremos personalizar el tema.

Hacia lo colectivo (el fortalecimiento defensivo, la mayor y mejor coordinación) con encontrar la vuelta tras los cambios.

Recuerdo que en año 2006, pleno mundial de Alemania, le pregunté a José Néstor Pekerman ("Un lobo con piel de cordero", Passarella dixit), si pasare lo que pasase, él nunca iba a cambiar a Riquelme.

Lo sacó pero no para poner a Messi (contra los defensores alemanes fundidos por Carlitos Tevez) sino para hacer ingresar al “Jardinero” Cruz (¡para defender!). En fin... pasa en las mejores familias.

Bianchi sabe que se enfrentará con ese dilema. Mucho más después del duro pero inexorable paso de los años. Riquelme -se repite en éstas columnas hace unos tres años, juega cuando quiere o cuando lo dejan sus lesiones- será una alternativa.

De Prócer Caminante a "frutilla del postre". Bianchi lo sabe. Riquelme debe aceptarlo.

Entonces, como debe ser, Boca será más importante que Bianchi y que Riquelme, la gran confusión que lo puso (al menos hasta el domingo pasado), mirando a todos desde atrás.

¿Habrá sido el mojón el triunfo contra Vélez? El tiempo dirá.