Columna / Elio "Pipo" Rossi
La decadencia llegó a Boca 10/3/2014
Elio Pipo Rossi nació en el ' 63, con Kennedy a la cabeza. Cordobés de nacimiento y porteño por adopción mutua, trabaja como periodista desde antes de terminar la secundaria por lo que, transcurridos casi 30 años, muchos ruegan que se jubile pronto. Trabajó en Radio Unión de Bell Ville, Radio Universidad de Córdoba, Canal 10 de Córdoba y desde el 91 en Canal 13, Canal 9, America TV, ATC, Telefé, TyC Sports y Fox Sports hasta el 2002 cuando, harto ya de estar harto, vendió un BM para gastárselo en Europa y por las rutas del sur argentino haciendo “fiaca”. Reinsertarse le costó mucho más de lo que está dispuesto a aceptar, igual que esforzarse para ganar un lugar a los 40 años en algún medio europeo. Lo perdió su costado tanguero y volvió con el caballo cansado para divertirse en C5N, Fox Sports, Radio Del Plata y Radio 10, y, fiel al “ser periodista”, seguir molestando hasta que el cuero le dé.
 
Quizá ganar el campeonato con un “sprint” insuperable (parecido al del San Lorenzo de Manuel Pellegrini), le permitiría a la –a esta altura inefable-  dupla Juan Román/”Charles Lucky”, disimular la decadencia. 

La decadencia llegó. 

Ellos, como nadie, representan la decadencia. Y lo eterno de los grises muy por encima del brillo etéreo que siempre engaña con ser eterno. 

Fui testigo de la seguidilla de victorias del “River de Ramón” (¿o de Francescoli?), que no paraba de ganar, de golear, de gustar, de enamorar. 

Iban a ser eternos. 

Duró apenas un par de años. 

Me tocó cubrir también por televisión la ominosa tarde de River derrumbado por Belgrano de Córdoba y descendido a la B Nacional. La tarde incluyó incendios y heridos en los alrededores del Monumental. 

No digo que Boca termine en la B. 

Digo que los que han brillado, ganado, humillado a los adversarios con buen juego, o tan solo con eficacia, pasan, destiñen, se van. 

Riquelme no puede con su alma. 

Y lo que más impresiona es en lo que se ha convertido Carlos Bianchi. 

La “conferencia de prensa” en la que el aquí llamado “Rey del Micrónofo” pidió “pruebas de los mensajes de texto” resulta –afortunadamente- gracioso. De lo contrario, asistiríamos a una tragedia. 

Con “Charles Lucky” sentadito ahí al lado, sin decir ni “mu”. Patético, triste y lamentable espectáculo televisado en directo para todo el mundo el viernes. 

Agradezcan que no se televisó el encuentro entre Agustín Orion y Pablo Ledesma en el que el arquero molió a golpes al volante. Literalmente, lo arruinó a punto que debieron darle días de descanso para que se le “desinflame” el rostro. 

Riquelme y Bianchi han convertido a Boca en un espanto, al que la gracia de Dios, pone en el camino en seguidilla a los dos peores equipos del campeonato: Racing y Argentinos Juniors. 

Y luego viene Quilmes como para que “emboque” 5 al hilo, lo cual, realmente sería la gran novedad para Boca desde hace un año y medio. 

Deberá ganar, claro. 

Pero debería, convengamos. 

Salvo que decidan la auto-destrucción. 

No debiera llamar la atención este asunto: recordemos que para Riquelme resultó mil veces más importante su propio retiro que la final (y eventual gloria de Falcioni) en una Copa Libertadores. 

Riquelme, por si alguien no lo recuerda, boicoteó a sus propios compañeros y al director técnico en aquella circunstancia. 

Como la película, “El hombre que nunca estuvo”, se puso la 10 pero no la tocó. Ni en la Bombonera, ni en Brasil. 

En fin, historia conocida. 

Volviendo al “episodio Lesdesma”. Les ruego que hagan un ejercicio. Busquen la conferencia de prensa en la que Ledesma deja claro que el de los mensajes de texto (¡mensajes de texto!), fueron enviados por Orion, aquí en el sitio mismo. “Clickeen” y cierren los ojos. ¡Ledesma habla igual que Riquelme! 

La misma inflexión, el mismo tono, casi las mismas palabras. 

Un chiste. 

En eso han convertido a Boca. En un chiste, que incluye claro, a la barra brava apretando a todos en ese viernes infernal y al presidente Angelici, alias “no me va a temblar el pulso”, escoltado por la Gendarmería mientras en el interior del Club, Orion molía a golpes a Ledesma.

No es serio. 

Pero es. 

Insisto: en un campeonato en el que aquellos que juegan dos frentes no tienen de sobra, todo puede pasar. 

Incluso que River pelee hasta el final con su juego raquítico. 

Y que Boca vuelva a brillar. 

O, al menos, a disimular. 

Aunque a esta altura nada puede evitar la decadencia, acaso quizá solo maquillarla.