Columna / Elio "Pipo" Rossi
En Boca ovacionaron la golpiza de Orion 17/3/2014
Elio Pipo Rossi nació en el ' 63, con Kennedy a la cabeza. Cordobés de nacimiento y porteño por adopción mutua, trabaja como periodista desde antes de terminar la secundaria por lo que, transcurridos casi 30 años, muchos ruegan que se jubile pronto. Trabajó en Radio Unión de Bell Ville, Radio Universidad de Córdoba, Canal 10 de Córdoba y desde el 91 en Canal 13, Canal 9, America TV, ATC, Telefé, TyC Sports y Fox Sports hasta el 2002 cuando, harto ya de estar harto, vendió un BM para gastárselo en Europa y por las rutas del sur argentino haciendo “fiaca”. Reinsertarse le costó mucho más de lo que está dispuesto a aceptar, igual que esforzarse para ganar un lugar a los 40 años en algún medio europeo. Lo perdió su costado tanguero y volvió con el caballo cansado para divertirse en C5N, Fox Sports, Radio Del Plata y Radio 10, y, fiel al “ser periodista”, seguir molestando hasta que el cuero le dé.
 
“Vox populi” se expidió –una vez más- en la cancha de Boca. Lo hizo cuando tronó: “Olé olé olé olé, Orion, Orion…” 

Música para los oídos del arquero, que había sido estigmatizado como un “botón” (alcahuete) del vestuario xeneize por el aún escondido Pablo Ledesma, quién huyó el martes por la mañana cuando vio aparecer una cámara de televisión. 

Llevaba sin salir de su casa y con el rostro bajo tratamiento, casi cinco días, los que separaban de ese martes al último viernes de tarde, cuando Orion le dejó todo el costado derecho del rostro en horribles condiciones. 

¿Qué había sucedido? Orion decidió poner fin a la discusión del “cabaret de Boca” a puñetazo limpio. 

El pómulo derecho de Ledesma, el arco superciliar del ojo derecho y su brazo izquierdo como también su costal izquierdo, lo sufrieron. Y lo siguen sufriendo. 

Al momento de escribirse estas líneas, lo único que ha podido verse de Pablo Ledesma, es su perfil izquierdo desde unos 60 metros de distancia, mientras emprendía la huida a toda carrera hacia el vestuario, cuando “volvió” a los entrenamientos, hace ya una semana. 

La “hinchada” de Boca, algo harta de que los devaneos cabareteros no sean suficientes para disimular el paupérrimo producido futbolístico que va estirándose peligrosamente más allá del año calendario, dio el “visto bueno” a la metodología usada por Orion para acallar la estupidez. 

Ovacionó, por así decirlo, la golpiza. En degradé aparecieron los gritos para Riquelme y para Carlos Bianchi. 

El empate con el cuasi-descendido Argentinos Juniors, aún no había acontecido. 

El argumento que le permitió al entrenador esbozar cierta dosis de optimismo en la conferencia de prensa posterior (“hace algunos partidos estábamos a 8 puntos, ahora estamos a 4”), parece una línea de un guión de stand-up. 

Boca, que compró a Gago, Burrito Martínez, Gigliotti, Chiqui Pérez, Rodriguez, Riaño y siguen las firmas bajo la atenta mirada de Mauro Bianchi, hijo del entrenador y representante de futbolistas, está 4 puntos debajo de Colón, que no pudo hacer incorporaciones por falta de pago y debió a apelar a … ¡nueve! pibes de la cantera para armar el equipo. 

También está debajo de Vélez, que juega dos campeonatos. O de Estudiantes, que se desprendió de su goleador y tuvo que sumar pibes. 

Comparte con Belgrano cuyo presupuesto anual es inferior a lo que Boca gasta en los contratos del centenario dueto que lo conduce: Bianchi-Riquelme.

Está debajo de San Lorenzo (que ganó el campeonato anterior) y de Newell’s, cuyo juego es una maravilla y sigue “pariendo” pibes a mansalva, como Ponce, el del primer gol contra Racing que todavía no cumplió los 17. 

Ambos juegan Copa Libertadores mientras Boca la mira por TV. 

Está a cuatro puntos, bien dice “Chales Lucky”, pero mira desde atrás al promediar el certamen a Godoy Cruz, All Boys y Rafaela, que deben arreglarse con lo que dejan de lado los llamados “grandes” o abrevar (como Ñuls o Belgrano) en las canteras propias y cuyo principal objetivo es mantener la categoría. 

“Mal de muchos, consuelo de “Bianchis y Ramones” bien podría actualizarse el dicho popular luego de escuchar los argumentos calcados de ambos técnicos: “Estábamos a tantos…estamos a 4”.

En medio, el “juego” de Boca. 

Defiende mal. 

Ataca peor. 

No tiene la pelota. 

Su estandarte juega media hora –máximo- por partido. Y su director tècnico saca al pibe Acosta, al que no eligió ni fue comprado-contratado por su hijo o los socios de su hijo, uno de los pocos que parece no necesitar descanso. 

El mundo ha sido puesto al revés. 

Acaso la obtención del título sirva para –reitero la idea- disimular la decadencia que llegó ¿para quedarse?