Columna / Elio "Pipo" Rossi
El desbarranco de Ramón Díaz 13/4/2014
Elio Pipo Rossi nació en el ' 63, con Kennedy a la cabeza. Cordobés de nacimiento y porteño por adopción mutua, trabaja como periodista desde antes de terminar la secundaria por lo que, transcurridos casi 30 años, muchos ruegan que se jubile pronto. Trabajó en Radio Unión de Bell Ville, Radio Universidad de Córdoba, Canal 10 de Córdoba y desde el 91 en Canal 13, Canal 9, America TV, ATC, Telefé, TyC Sports y Fox Sports hasta el 2002 cuando, harto ya de estar harto, vendió un BM para gastárselo en Europa y por las rutas del sur argentino haciendo “fiaca”. Reinsertarse le costó mucho más de lo que está dispuesto a aceptar, igual que esforzarse para ganar un lugar a los 40 años en algún medio europeo. Lo perdió su costado tanguero y volvió con el caballo cansado para divertirse en C5N, Fox Sports, Radio Del Plata y Radio 10, y, fiel al “ser periodista”, seguir molestando hasta que el cuero le dé.
 
Desde esta columna se repudia la dedicatoria del DT de River Plate a la barra brava.

Apenas cumplida una semana del mejor intento del entrenador Ramón  Díaz por acercarse a los deberes y compromisos que cualquier personaje popular –ni siquiera público- debiera asumir, todo lo desbarrancó a partir de su reivindicación, en vivo, directo y para 8 millones de telespectadores a nivel nacional, de las peores metodologías y sus predilectos sicarios: la barra brava. 

Integrantes de los “Borrachos del Tablón”, a quien Díaz dedicó el triunfo frente al Atlético Rafaela, cumplen condenas por homicidio. 

Otros han dejado lisiados para siempre a un sinnúmero de espectadores del fútbol o a miembros de las fuerzas de seguridad en la Argentina.

Otros se dedican a la extorsión. 

O a la venta de drogas. 

Es decir, lo peor de la sociedad la concentra esa asociación ilícita que se dedica a delinquir con muchas menos consecuencias de la que podría –la ciudadanía- esperar. 

Acaso Ramón Díaz intentó amortiguar el impacto que causó el hecho de que su hijo Emiliano apareciera charlando muy amigablemente con uno de los más prominentes miembros de la banda delictiva, en una escucha telefónica que forma parte de una investigación judicial. 

“Blanquear” para después decir que se trata “solo de hinchas de River”. 

Logró todo lo contrario. 

El repudio a sus dichos domina la escena desde el domingo al caer la noche. 

Ha pedido disculpas, por cierto. 

Si me permiten –ya que firmo esta columnata- me disculpo ante todos ustedes por haber incurrido en una ingenuidad al creerle aquello de “debemos ser más transparentes” cuando pidió el “ojo de halcón” para convalidar un gol o no hacerlo.

El torneo comienza a entrar en su fase decisivita. Tomo, digamos, la curva. 

Pero es tal la paridad y el sube y baja en los rendimientos colectivos que resulta imposible (a 5 fechas del final), imaginarse un final. 

Hay atisbos de buenos trabajos. Como la “racha” de 3 ganados seguidos por parte del humilde Gimnasia de Pedro Troglio. Con apariciones individuales que vuelven a generar esperanza en relación con los tan difundidos como poco sostenidos “proyectos futbolísticos”. 

¿Cuánto tiempo va a jugar en Gimnasia el pibe Maximiliano Meza? Un delgadísimo jugador que debe hacer de la sutileza una virtud. Si va al choque, pierde contra cualquier adversario. 

Esa esencial capacidad para sacar ventajas de las debilidades, apoyándose en la buena técnica, (que, insisto, viene mostrando con gran esfuerzo el Gimnasia de Troglio), merece un pequeño destaque. 

Lo mismo Lanús, en dos frentes (Copa y campeonato), con un presupuesto que le alcanzaría al club para pagar a la dupla Bianchi-Riquelme. Y ni siquiera. 

Y la obligación de hacer jugar a chicos que, en circunstancias más normales y competitivas, Europa por ejemplo, estarían “fogueándose” en divisiones inferiores.

Un campeonato que, como consecuencia de los promedios, tiene a la mayoría de los conjuntos muy preocupados por lo que ocurre en el fondo de la tabla y en la supervivencia (el caso más notable es el de Colón de Santa Fe), que por el buen juego y los –cada vez más utópicos- proyectos. 

Pero la nave va. 

Y sería deseable que los referentes, como Ramón Díaz, no sumaran al cortejo al grupete de indeseables que han convertido a la organización del fútbol argentino, en un pandemónium delictivo. 

O si lo hacen (como tantos otros), pues que lo disimulen.