Columna / Elio "Pipo" Rossi
Angelici ¿hará lo que quiere o lo que le piden? 15/5/2014
Elio Pipo Rossi nació en el ' 63, con Kennedy a la cabeza. Cordobés de nacimiento y porteño por adopción mutua, trabaja como periodista desde antes de terminar la secundaria por lo que, transcurridos casi 30 años, muchos ruegan que se jubile pronto. Trabajó en Radio Unión de Bell Ville, Radio Universidad de Córdoba, Canal 10 de Córdoba y desde el 91 en Canal 13, Canal 9, America TV, ATC, Telefé, TyC Sports y Fox Sports hasta el 2002 cuando, harto ya de estar harto, vendió un BM para gastárselo en Europa y por las rutas del sur argentino haciendo “fiaca”. Reinsertarse le costó mucho más de lo que está dispuesto a aceptar, igual que esforzarse para ganar un lugar a los 40 años en algún medio europeo. Lo perdió su costado tanguero y volvió con el caballo cansado para divertirse en C5N, Fox Sports, Radio Del Plata y Radio 10, y, fiel al “ser periodista”, seguir molestando hasta que el cuero le dé.
 
JR "huele" que no le renovarán y entonces se planta en su pedido: cuatro años. Todo será responsabilidad del Presidente. 

La publicidad ha muerto. Ha sido reemplazada por la emoción. O mejor, por la necesidad religiosa de creer aquello que fortalece el corazón. Aunque sea la verdad la víctima. Aunque sea la verdad, la que "muera". 

El Planeta Boca, del cual pobre presidente Angelici está siendo expulsado, se ha convencido de que conseguir un puesto para jugar la Sudamericana tiene mérito. Incluso el fútbol argentino, que es el espacio más generoso del mundo, puede llegar a tener un lugar para el Xeneize en la hasta hoy utópica Libertadores del año que viene. Depende de otros más que de sí mismo. 

Pero, si el River de Ramón Díaz puede consagrarse el domingo en su cancha, ¿por qué no podría el Boca de Bianchi-Riquelme, encontrar un lugar entre esos elegidos?

Una campaña excepcional es la de Gimnasia del Gran Pedro Troglio. Demuestra una vez más que los buenos solo ganan en las producciones de Hollywood. O en los cuentos de Disney. La realidad es que los otros son -siempre- los que se quedan con el pastel. Doña Flor opta claramente por Vadinho y no por el buen Farmacéutico (ver "Doña Flor y sus dos maridos", con Sonia Braga partiendo la tierra). 

Si ganaran los buenos, no habría historia. 

Pasa en el cine. 

Pasa en la vida. 

Pasa en el fútbol. 

El pobre presidente tiene un dilema.

Riquelme, el que manda, le acaba de anunciar que su contrato durará 4 años, un calco del vigente que termina en pocos días. 

Salvo por la cifra. 

El 10 quiere incrementar los 4 millones de dólares de aquel. 

O, en todo caso, que sean dólares billetes sin ningún tope molesto que incite a interpretaciones erróneas o a discusiones estériles, tal como promovió el anterior, que fijaba el dólar "oficial", a 5,53. Prehistoria. 

Riquelme quiere jugar hasta los 40 "pirulos" en su amado Boca, pero nada de topes en su paga. O sea, 4 años más. 

La semana pasada se hizo fotografiar para ocupar las portadas de los suplementos deportivos con lo que parecía ser una radiografía de su lesión. Había hecho trascender a través de sus chimenteros amigos que podía ser víctima de una fractura. Cuentan que adentro del sobre llevaba un vinilo de cumbia de los Wawancó. 

Angelici y sus adláteres por poco perecen de un soponcio. 

Ello, una fractura, hubiera significado lisa y llanamente la renovación automática del contrato tal cual está. 

Eso es Ley en la Argentina. 

Está escrito en el CCT que considera a Riquelme en igualdad de condiciones a un trabajador de la Primera B Metropolitana que recibe por paga, imaginemos, 10.000 pesos por mes (1.000 de la moneda estadounidense que tanto enamora a las clases medias argentinas). 

El CCT es el Convenio Colectivo de Trabajo, que considera "obreros" a los futbolistas. 

Un chiste de humor negro en países en los que la desocupación supera los dos dígitos de la población. 

En Europa no se consigue. Menos en España, donde los "parados" alcanzan al 28% y los sueldos de las estrellas de la Liga de las Estrellas, los 40 millones de euros al año, con impuestos claro.

Volviendo a la Argentina y a la novela de la ilusión de que ha sido un éxito lo de Boca en este campeonato y en este periodo.

Angelici se debate si hacer lo que quiere o hacer lo que le piden.

Debiera saber Angelici que haga lo que haga, irá al "cadalzo" si el equipo no gana un campeonato de una vez por todas.

Con Bianchi. 

Sin Bianchi. 

Con Riquelme. 

O sin Riquelme. 

La única variante que cambia la ecuación es que Boca vuelva a ganar. 

Y lo haga "de la mano de Román y Charles Lucky" o conducido por “Magoya”, el Filósofo del Chamuyo Futbolero que tan bien encarna el retirado a fuerza de derrotas limpias, Angel Cappa, el profesor de Filosofía y Psicopedagogía. 

Riquelme "huele" que no le renovarán. 

Y entonces se planta en su pedido: cuatro años. 

Todo será, entonces, responsabilidad del Presidente. 

¿Qué hacer? 

Si renueva y fracasa (como viene ocurriendo desde que la dupla Bianchi-Riquelme está al mando, van 18 meses), adiós futuro. 

Si no renueva y fracasa, adiós futuro. 

Si renueva y gana, el triunfo no será del presidente sino de la dupla que podría sugerir votar a otro candidato por el "destrato" recibido por Angelici. 

Si no renueva y gana, entonces no habrá dudas: el que ganó es Angelici. 

Aunque la Bombonera-cabildo abierto le recuerde a cada momento que él no es un ídolo de la hinchada, ni lo será. 

Solo necesita un par de viajes a Japón, previo paso por algún país latinoamericano, preferentemente Brasil. 

Angelici puso rumbo al horizonte donde nacen las leyendas. El asunto es que, como canta el inolvidable Nano, mientras más pasos da, más lejos queda. Es que la línea se la marcan Juan Román y Carlitos el Virrey. 

Y allí, no hay lugar para dirigentes. 

La historia tiene final abierto. 

Habrá que ver si prevalece el 99,09% de capacidad de maniobra de Román o el 0,91% de Angelici. ¿Tiene sentido?  Definitivamente sí. Porque se trata de irse de la conducción de Boca habiendo cedido a todas las exigencias (rendido a los pies de Riquelme) o irse arriesgando cambiar la ecuación en el tiempo de descuento. 

El que les queda por jugar a ambos.

 
 
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