Columna / Elio "Pipo" Rossi
La versión más "ramonista” de River 19/5/14
Elio Pipo Rossi nació en el ' 63, con Kennedy a la cabeza. Cordobés de nacimiento y porteño por adopción mutua, trabaja como periodista desde antes de terminar la secundaria por lo que, transcurridos casi 30 años, muchos ruegan que se jubile pronto. Trabajó en Radio Unión de Bell Ville, Radio Universidad de Córdoba, Canal 10 de Córdoba y desde el 91 en Canal 13, Canal 9, America TV, ATC, Telefé, TyC Sports y Fox Sports hasta el 2002 cuando, harto ya de estar harto, vendió un BM para gastárselo en Europa y por las rutas del sur argentino haciendo “fiaca”. Reinsertarse le costó mucho más de lo que está dispuesto a aceptar, igual que esforzarse para ganar un lugar a los 40 años en algún medio europeo. Lo perdió su costado tanguero y volvió con el caballo cansado para divertirse en C5N, Fox Sports, Radio Del Plata y Radio 10, y, fiel al “ser periodista”, seguir molestando hasta que el cuero le dé.
 
Eso fue el 5-0 a Quilmes. “Ramao” vuelve a ponerse en la cresta de la ola.

Pasaron 12 años desde que se fuera siendo el entrenador más exitoso de la historia del club, producto de su enfrentamiento con el en ese momento poderoso José María Aguilar, hoy junto a Passarella, en el más descarnado de los olvidos.

Fue la versión del campeón 5-0 a Quilmes de River la más "ramonista" de todas las anteriores. A la distancia, visto en perspectiva, se acrecienta la tremenda personalidad y autoestima del riojano más famoso de la Argentina, puesto que aquellos con los cuales debió lidiar, han pasado a formar parte del nobiliario riverplatense.

Inclusive varios que no apostaban por él y que deberán deglutirlo cual sapo indigesto. Francescoli Enzo, entre otros.

El "caso de Ramao" es el más parecido en cuanto a tensión al de Carlitos Bianchi y Juan Román -"quiero jugar en el patio de mi casa"- Riquelme. Ninguno de ellos estaría donde está a no ser por la prepotencia de los resultados -en el caso de River- y de la idolatría, entre los xeneizes.

La dirigencia de River debió mantener con el riojano, un matrimonio no ya por conveniencia, sino por obligación. Como esas parejas que no se separan por los hijos tal cual reza el Mandato.

Y porque Ramón cedió en un terreno atípico: el del dinero. Le "podaron" casi un 40% de sus honorarios. De casi 11 millones al año, aceptó cobrar casi 7. "Los otros que sean el premio por el campeonato", se animó.

Y ganó.

Digo que este equipo es aquel en el cual más rastros de su "hechura" quedarán (al menos hasta el momento de escribirse estas líneas), porque armó, desarmó, cambió, sacó intocables y hasta se equivocó en los refuerzos.

Pero este River ha sido 100% de Ramón.

A diferencia de otros, con los cuales llegó mucho más lejos, pero cuyo liderazgo le retacearon hasta el hartazgo aquellos planteles.

Se burlaban de él, a sus espaldas y a veces ni tan siquiera.

A la distancia, este escriba termina valorando el hecho de que haya sido capaz de sobreponerse a aquella mirada despectiva de quienes, hasta ayer nomás, habían sido sus compañeros y ahora eran sus dirigidos.

River tuvo tropiezos como todos, pero ese noventa por ciento de partidos ganados en casa fue definitorio. Con la frutilla del postre: a Boca en la Bombonera, convirtiendo en pieza de museo el exquisito gol de Riquelme.

River tuvo una intención de jugar, de buscar, de arriesgar que llegó a  su punto culminante en el partido consagratorio: golear, ganar, gustar y, de paso, ganar el certamen contra Quilmes.

Es cierto que Boca terminó segundo, pero dejó pasar 13 (¡trece!) fechas antes de arremeter.

Solo una regularidad -mínima por cierto- pero indispensable, le permitió a River ganar el campeonato.

Y la ventaja la sacó en el mano a mano. Otro motivo de disfrute.

Este Ramón más "humano" que se permite quebrarse en pleno partido por no aguantarse las lágrimas, termina teniendo una enorme dosis de respeto que no consiguió jamás aquel "sobrador" aunque "juguetón" con las palabras.

El conductor humanizado y terrenal, deviene en conductor.

Por sostener a Barovero, por mantener la tensión de Chichi. Por la dura decisión de Ponzio, por el gran acierto de Ledesma. Por los colombianos y por la modificación del dibujo táctico del equipo, una vez claro el asunto del no funcionamiento. Por todo, Ramón Díaz (Ramao), vuelve a ponerse en la cresta de la ola.

Con lágrima de emoción incluidas.

Inolvidables, como el campeonato.

 
 
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