Columna / Elio "Pipo" Rossi
River gana, golea y gusta 26/8/14
Elio Pipo Rossi nació en el ' 63, con Kennedy a la cabeza. Cordobés de nacimiento y porteño por adopción mutua, trabaja como periodista desde antes de terminar la secundaria por lo que, transcurridos casi 30 años, muchos ruegan que se jubile pronto. Trabajó en Radio Unión de Bell Ville, Radio Universidad de Córdoba, Canal 10 de Córdoba y desde el 91 en Canal 13, Canal 9, America TV, ATC, Telefé, TyC Sports y Fox Sports hasta el 2002 cuando, harto ya de estar harto, vendió un BM para gastárselo en Europa y por las rutas del sur argentino haciendo “fiaca”. Reinsertarse le costó mucho más de lo que está dispuesto a aceptar, igual que esforzarse para ganar un lugar a los 40 años en algún medio europeo. Lo perdió su costado tanguero y volvió con el caballo cansado para divertirse en C5N, Fox Sports, Radio Del Plata y Radio 10, y, fiel al “ser periodista”, seguir molestando hasta que el cuero le dé.
 
¿Es demasiado pronto para entusiasmarse? Es probable. ¿La contracara? El Boca de "Charles Lucky". 

Buscar -y encontrar- un exquisito cómplice en el compañero. Jugar de memoria. Tocar e irse en busca de la descarga que, con certeza, llegará. Fineza y determinación en soltar a todos los que haga falta para sacar ventaja en un sector cualquiera de la cancha. Ser preciso a una notable velocidad. Jugar gustando y que, como si todo esto fuera poco, se “alineen” los planetas a favor propio y en contra del rival: todo esto le pasó al River de Gallardo frente a Godoy Cruz. “Volvió a ser River” me decían, entre incrédulos y felices, todos los hinchas del Millo con los que me crucé después del partido. 

Como los viejos títulos amaban describir: ganó, goleó, gustó. El orden de los factores no altera el producto. 

¿Es demasiado pronto para entusiasmarse? Es probable. Apenas si se han jugado 3 partidos del campeonato. Lo saben, de sobra, Racing e Independiente, que se “comieron” 8 goles entre los dos al cabo de la fecha. Lo saben, ¡cómo no!; “Charles Lucky” y el Planeta Boca entero, que no puede ni siquiera pensar que el próximo domingo cuando hayan terminado de jugarse cinco (¡cinco!) partidos, puede quedar afuera del campeonato. 

Boca debería ganarle a Estudiantes entre semana y despachar a Vélez el domingo en la Bombonera. 

¿Demasiado pronto para entusiasmarse con River? Sí, claramente. 

Pero déjenme decirle que se siente más cómodo el entusiasmo prematuro a partir de la belleza y la contundencia, que la decepción extrema luego de apenas dos fines de semana. 

Muchos piden cautela (y tiene razón, claramente), respecto de lo que River puede entregar.

Desconfían del número de plantel, al que consideran “corto”. También de la juventud. 

Y no saben muy bien cómo irá reaccionando Marcelo Gallardo con el correr de las eventuales irregularidades. 

Creo haber escrito aquí en la prehistoria que comencé a prestarle atención al líder que no veía en aquel número 10 cuando Reinaldo Carlos Mostaza Merlo lo hizo responsable de su salida de River. 

“A mí me volteó Gallardo”, se quejaba Mostaza cuando debió dejar el club tras algún que otro traspié. 

Antes incluso de la prehistoria, lo tengo a Gallardo charlando con los ojos rojos de impotencia por sobrecarga de responsabilidad. 

Passarella le puso la número 10 y “limpió” a Maradona de aquella selección argentina.

Y el Muñeco me dice en un campo de juego uruguayo, eliminado de la Copa América por Brasil “Yo no puedo ser Maradona”. 

Aquel Gallardo de Passarella, aquel del “golpe” a Mostaza y este, que de entrada dejó afuera a Teo Gutierrez. 

En medio, la experiencia en Nacional y su conexión con el “Grupo Francescoli”, que lo depositó en el River de Rodolfo D’ Onofrio. 

Gran partido contra Central (que lleva 18 años sin ganarle a River en el Monumental, repitámoslo) y exquisitez extrema contra Godoy Cruz con una multitud de “neutrales”.

¿Demasiado pronto para entusiasmarse? 

Seguro. 

Tienen ustedes razón. 

Pero, al modo de Eduardo Galeano, el autor de Las Venas Abiertas de América Latina y de Todos los fuegos, el fuego, entre otras tantas magníficas obras literarias, dejen que me ilusione luego de mendigar -y encontrar en la goleada millonaria- un poco de buen fútbol.

 
 
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